2 Relatos para Reflexionar con Moraleja

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El concepto de vida y felicidad varía de una persona a otra, para algunos puede estar en las posesiones materiales como el auto del año o un departamento de lujo, en cambio para otros es tener éxito profesional, estabilidad de pareja o salud para todos la familia.

Como ves, las cosas varían de una persona a otra, si crees que las últimas opciones son las que importan realmente, están en buen camino, si piensas en las primeras, no está mal pero debes de considerar también otras cosas como la familia y el corazón.

Cualquiera sea tu opinión acerca de la vida, como y donde encontrar la felicidad, quiero compartir un par de relatos para reflexionar que podrían cambiar el sentido de tu vida, créeme que vale la pena leerlos.

La primera historia de los relatos para reflexionar, coincide con una frase de uno de los presidentes más queridos de Estado Unidos, Abraham Lincoln, en la que nos dice que no importa cuantos años tenemos, sino como hemos llevado esos años y si realmente han valido la pena.

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EL PESCADOR

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Javier era un hombre de 35 años, hace cinco que tuvo su primer hijo y cinco años después a la segunda. Él vivía en un pueblo pequeño y todas las mañanas, muy temprano iba a pescar a un río cercano que traía pescados deliciosos porque el lugar era limpio, era un pequeño paraíso en el lugar.

Un día, cuando volvía al muelle para regresar a casa, se encontró con un hombre americano, este estaba bien vestido y se quedó admirando los grandes pescados que Javier había atrapado, entonces le preguntó: “¿Cuánto tiempo te tomo pescarlos?”, “Un poco la verdad.”

Entonces el hombre aún más admirado le dijo que debería quedarse más tiempo en el río, así podría pescar más pero el pescador le respondió que no, que ya tenía la cantidad suficiente para satisfacer a su familia y para vender entre sus amigos.

Al parecer el hombre de buen vestir no estaba de acuerdo así que le preguntó que hacia Javier el resto del día a lo que el respondió: “pues voy a casa, ayudo a mi esposa a cocinar y limpiar la casa muy tranquilo, comemos, descanso un poco juego con mis pequeños, voy al centro del pueblo a encontrarme con mis amigos, toco la guitarra y tomo vino.”

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Pienso que es una vida cómoda y casi todos desearían vivir de tal forma, pero entonces el americano le respondió: “¡Pero hombre! Podrías pescar más, vender más, luego comprar un barco con trabajadores, formar una procesadora para vender pescado enlatado y tener tu propia empresa. ”

“¿Y luego que?” respondió el pescador. “Tardarías entre 15 y 20 años, te jubilarías y tendrías una vida tranquila, sin preocupaciones económicas, podrías comprar una cabaña en un lugar pequeño, vivir a lado de tus hijos y tu esposa, ir al pueblo por las tardes y divertirte junto a tus amigos”. “Pero…” dijo Javier “¿No es eso lo que tengo ahora?”

¿Cuál es la moraleja del primer de los relatos para reflexionar? Pues que a veces pensamos que la felicidad está en las cosas materiales, sin siquiera darnos cuenta que están más cerca de lo que creemos, solo hace falta que pongamos más a atención a nuestro alrededor.

EL OSO Y EL ZORRO

Andrea era una señorita que disfrutaba de ir al bosque a tomar fotografías del paisaje y la verdad que hace años había dejado de tener fe en las personas pero sobre todo en Dios, pero lo que pasará en esta segunda historia de los relatos para reflexionar, hará cambiar su vida.

Era un día más que se aventuraba en el bosque, Andrea estaba yendo desde el río hasta una pradera rocosa para capturar el paisaje cuando se dio cuenta que había un zorro blanco mal herido, se iba acercando hacia el pero se dio cuenta que había un gran oso marrón saliendo de entre los árboles.

Para sorpresa de Andrea, el oso traía en el hocico algunos restos de carne y el lugar de atacar al indefenso zorro, fue a su lado, le dio los restos y vio como este comía lentamente. Al parecer el oso tenía intenciones de cuidar al pequeño y aunque no podía curarlo, quería asegurarse de que se alimentara bien.

Andrea decidió volver todos los días para fotografiarlos, pues le parecía una historia conmovedora y perfecta para retratar y así fue el segundo, tercer, hasta la semana; el oso le llevaba fielmente comida al zorro, le hacía compañía y se aseguraba de que estuviera bien.

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Después de la semana vio que el zorro estaba sano y ambos amigos paseaban por el bosque en busca de comida, entonces Andrea cayó en la cuenta de que Dios se preocupaba por el zorro mandándole al oso, así que alzó una oración al cielo y pidió que Dios también hiciera eso por ella. Según Andrea, Dios jamás la escucho porque nadie le ayudaba.

Como siempre, al volver a la ciudad pasaba por barrios donde escaseaba la comida y entre tantas personas, le conmovió ver a un niño muy delgado, entonces alzó la mirada al cielo y exclamó: “Dios, si no quieres ayudarme a mi, al menos ayuda a este niño hambriento”.

Para su sorpresa, una voz le respondió “Abre bien los ojos Andrea, esta vez tu eres el oso y el niño el zorro”. ¿Cuál es la lección de esta historia que forma parte de los relatos para reflexionar?

Muchas veces nos quejamos de lo que nos hace falta sin darnos cuenta de las cosas que tenemos y pedimos ayuda sin darnos cuenta que otros lo necesitan. ¿Qué debemos hacer? Apoyar a quienes más lo necesitan, nosotros podemos hacer un cambio en sus vidas.

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